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domingo, 22 de marzo de 2009

La Iglesia, la Iglesia… otra vez!. Quizás sea la “organización” que en tanto tiempo, ha evolucionado tampoco y nos sigue acosando con su intención de



La Iglesia, la Iglesia… otra vez!.
Quizás sea la “organización” que en tanto tiempo, ha evolucionado tampoco y nos sigue acosando con su intención de imponernos su peculiar manera de entender el mundo.
Y es que le va mucho en juego y arremete contra todo aquello que cuestiona su esencia y le resta poder.
Si leemos la Constitución de la II República, entenderemos porqué se sublevó contra un gobierno legítimo que llegó a España de la mano de su pueblo, a través de unas elecciones democráticas, como jamás antes habían existido.
Y es que aquel ha sido el único momento en nuestra historia, en que lejos de ser uno de los pilares del sistema mas oscurantista y reaccionario, pasaba ha ser una institución privada sin más privilegios que los de poder existir, mientras no violase los derechos y leyes más fundamentales.
Ha llovido mucho desde entonces, pero la Santa Sede sigue sin firmar La Declaración Universal de los Derechos Humanos… y en un país que se precia de civilizado, es una desvergüenza que se sostenga una institución como esta: antidemocrática(pues es piramidal), sexista (niega a la mujer un papel de igualdad), reaccionaria y fascista (pues no es sólo que no haya condenado a La Santa Inquisición y su complicidad con la criminal dictadura franquista, sino que cada dos por tres reivindica su glorioso pasado, refrescándolo en el presente, con cada actuación más cafre si cabe, pues la evolución del resto de la humanidad hace que sus postulados sean cada vez más siniestros)… y mucho más, demasiado.
No hay ninguna ley que recorte su manera de vivir y sentir, pues a ninguna persona católica se le impone no casarse, abortar, follar hasta morir de placer o querer a la persona próxima como a un igual, no. Y sin embargo se obstinan en intentar conculcar nuestros derechos y libertades con el único fundamento de seguir manteniendo su estatus.
No se cuando, pero tengo la certeza de que más temprano que tarde la religión saldrá de las escuelas, que se romperán los penosos acuerdos que mantiene el Estado con la S. Sede, y que sus únicos privilegios serán los de poder existir mientras no viole los derechos y leyes más fundamentales de un sistema democrático.

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